El paisaje, una pieza estructural del proyecto
Marcelo D’Andrea aparece hoy como una de las referencias más sólidas del paisajismo argentino e internacional.
En el universo de la arquitectura contemporánea de alta gama, donde cada detalle define el valor cultural y económico de una obra, el paisaje dejó de ser un complemento decorativo para convertirse en una pieza estructural del proyecto. En ese escenario, el nombre de Marcelo D’Andrea aparece hoy como una de las referencias más sólidas del paisajismo argentino e internacional.

Arquitecto egresado de la Universidad de Buenos Aires en 1997 y especializado en la Maestría de Arquitectura del Paisaje de Barcelona en 1999, D’Andrea ha desarrollado durante más de dos décadas una visión que fusiona arquitectura, infraestructura y naturaleza como un único sistema conceptual y constructivo.

Su trayectoria combina obra pública, desarrollos urbanos, docencia universitaria y jardines residenciales de alta gama. Actualmente es Director de la Licenciatura en Planificación y Diseño del Paisaje y Director de la Especialización en Planificación del Paisaje en la Universidad de Buenos Aires, además de profesor titular por concurso de los talleres de diseño de ambas carreras. También preside el Centro Argentino de Arquitectura del Paisaje, entidad nacional representante de la International Federation of Landscape Architects.

Con 26 premios en concursos nacionales e internacionales y obras construidas en ocho países, D’Andrea ha participado en algunos de los proyectos paisajísticos más importantes de Argentina: más de 75 plazas públicas en la Ciudad de Buenos Aires, el Paseo de la República en la Quinta de Olivos durante la presidencia de Mauricio Macri, espacios públicos para Nordelta junto a Eduardo Costantini y la cancha de golf diseñada para Jack Nicklaus, entre otros desarrollos emblemáticos.

Recientemente regresó de Irlanda, donde recibió una distinción internacional por el parque ecológico Father Collins Park, una de las obras sustentables más reconocidas de Europa. Pero es quizás en el universo de las residencias premium donde su figura adquiere hoy una dimensión singular. Con más de 100 jardines de alta gama ejecutados, D’Andrea sostiene que el jardín contemporáneo ya no puede pensarse como una decoración posterior a la arquitectura: “El paisaje debe fusionarse con la arquitectura. Cada uno permite la existencia del otro”, explica.

Para el paisajista, la casa contemporánea exige pensar desde el inicio patios internos, terrazas jardinadas, balcones verdes, jardines verticales y sistemas naturales integrados a la infraestructura arquitectónica. Una visión todavía más relevante luego de la pandemia, cuando la relación entre las personas y la naturaleza modificó radicalmente las demandas del habitar.

“El jardín necesita relacionarse íntimamente con la identidad de sus habitantes. El concepto de ‘Place Identity’, desarrollado por el sociólogo Harold Proshansky, demuestra cómo los espacios naturales pueden mejorar profundamente la calidad de vida”, sostiene.

Esa integración obliga a resolver desde etapas tempranas cuestiones técnicas complejas: cargas estructurales para soportar vegetación y sustratos, drenajes pluviales preparados para lluvias extremas derivadas del cambio climático, sistemas de riego automatizado, infraestructura eléctrica para fuentes y bombas, comportamiento radicular de especies vegetales o logística de instalación de árboles y palmeras de gran porte en patios internos.

El paisaje se diseña desde el inicio del proyecto
En muchas de las viviendas de lujo en las que trabaja junto a reconocidos estudios de arquitectura —entre ellos, proyectos vinculados al arquitecto Alejandro Apa— el paisajismo comienza incluso antes de la obra gruesa. “Si un patio interior requiere palmeras o ejemplares de gran tamaño, debemos coordinar la obra en simultáneo con el hormigón o prever maniobras especiales con grúas puente para su colocación posterior”, detalla.

La ejecución se desarrolla por etapas. Mientras avanza la obra húmeda, el equipo de paisajismo realiza movimientos de suelo, contenciones de tierra, muelles, decks, pérgolas, rincones de fuego, huertas y tendidos principales de riego. Luego, cuando la construcción ingresa en su etapa final y desaparece el riesgo de circulación de materiales y obreros, comienza el trabajo fino: nivelación con sustratos abonados, plantación de ejemplares seleccionados, césped, terminaciones y ajustes técnicos.

Para Marcelo D’Andrea, el verdadero lujo en un jardín no se mide solamente por el tamaño de las plantas sino por el conocimiento técnico aplicado: “Un jardín de alta gama requiere la mejor calidad de ejemplares, los mejores sustratos y materiales. Pero la habilidad profesional está en saber qué conviene plantar grande, qué conviene plantar pequeño, qué fertilizante utilizar y cómo lograr que el jardín evolucione correctamente en el tiempo”.

Un futuro con arquitectura y paisaje
También advierte sobre uno de los errores más frecuentes en obras residenciales premium: ejecutar el paisajismo antes del momento adecuado para mostrar avances de obra. “El apuro muchas veces produce accidentes, mortandad vegetal y daños innecesarios. El paisajismo tiene sus tiempos técnicos y deben respetarse”, afirma.

Con una mirada crítica sobre la creciente improvisación en el mercado, D’Andrea defiende la formación académica especializada como condición indispensable para intervenir proyectos complejos:
“Si uno contrata a un profesional debe confiar en su criterio. Nadie entra a un quirófano para decirle al cirujano cómo operar. Yo siempre digo: si el profesionalismo le resulta costoso, acuda a la ignorancia, que es más económica…, y hágase responsable de las consecuencias”.

En una época donde la arquitectura de lujo busca diferenciarse a través de experiencias sensoriales, sostenibilidad y bienestar, el trabajo de Marcelo D’Andrea parece confirmar una idea cada vez más evidente en el mundo del diseño internacional: el futuro de la arquitectura no se entiende sin paisaje.
Marcelo D’Andrea: el arquitecto paisajista que transformó el jardín en una extensión natural de la arquitectura de lujo